16 oct. 2014

Un gráfico y cuatro canales

Se vino la bajante de la hacienda y vuelvo al blog. Ni se sienten que va a ser cortito, como escupida e músico.
Ni sueñen que les voy a decir "Se los dije". Veamos hasta donde puede bajar la hacienda, que es lo importante en este momento.
Si, lo importante es eso. No exportamos un pomo, así que de la cuota 481 se ocupe otro. El precio de la invernada entró a subir justo cuando no había más invernada para vender, así que ni mirarlo. Y, como si todo esto fuera poco, ya avisaron que pal año que viene van a faltar 600 mil terneros (Así que vamos a ser más pobres). Cada vez se faenan menos novillos. Debe ser que nadie hace más novillos. Debe ser que no es negocio hacer novillo. No importa.
El gráfico de arriba corresponde al precio promedio diario de las categorías terneros y terneras en el mercado de hacienda de Liniers.
La elección de la categoría no es casual: Si bien no es la categoría más faenada, es la que mejor está representada por el promedio de Liniers. Tanto porque la cantidad rematada de cabezas es más significativa frente al total faenado, como por su distribución de lotes frente al promedio. Esto último viene siendo algo así como "La mayoría de los lotes de terneros y terneras se venden  precios similares al promedio, no como otras categorías en las que el promedio es un punto entre grupos de cotizaciones más altas y más bajas".
Por último, esta es la categoría de consumo "top", la más cara, la más fina, la "premium" o como quiera llamarse a la que pone techo, en general, a la cotización del mercado.
Tampoco es casual la elección del mercado de Liniers: Es la única referencia de precios de hacienda gorda, más o menos, aceptable que tenemos en la República Argentina. Si bien no representa más del 15% de la faena, es lo que hay.
Al gráfico:
En la captura de pantalla he marcado 4 canales por los cuales ha discurrido el precio promedio en los últimos 3 años.
Lo de los canales no es mágico, es solo memoria colectiva. El techo del canal es un precio en el cual los compradores piensan "¡Che, me están vendiendo caro!" y el piso del canal es un precio al cual piensan "¡Uy, que barato estoy comprando!". Personalmente, no creo que la generalidad de los engordadores puedan pensar demasiado en los precios. Sospecho que están demasiado ocupados en otras cosas, como balancear las dietas, buscar toros de razar raras para mejorar el marmoreo, sacarle semen a terneros de 5 meses y tal y tal.
Pero, volvamos a los canales:
El más antiguo, en celeste claro, fue superado hace un año ya y de volver a él nos dejaría las cotizaciones entre 8,50 y 12 pesos. Claro que este escenario sería por demás pesimista y poco probable. De hecho, con una inflación del 40 por ciento, volver a cotizacones entre 12 y 17 pesos sería equivalente en términos de poder adquisitivo.
El siguente canal, en azúl, arrancó a fines de 2012 y terminó y fue abandonado a principios de este año. Su proyección induca que de volver a él, las cotizaciones se ubicarían entre 12 y 15 pesos. Este escenario, creo, es preferible a la actual situación de precios descendentes, y lo considero bastante probable.
El canal amarillo, que se inició en octubre de 2013 y duró hasta el mes pasado, definitivamente es cosa del pasado. No solo porque no parece haber fuerza en el mercado para contrarrestar la actual baja: Volver a él implicarían subas de, al menos, 2,50 pesos en el próximo mes.
Por último, el canal rojo iniciado a principios de año y que también fue abandonado a la baja el mes pasado. Que los precios promedio volvieran a él sería una opción más posible que la descripta para el canal amarillo y más optimista que la descripta para el canal azul. Las chances que esto ocurra también son pocas con la demanda floja que tenemos.
Habiendo dicho esto, me retiro.
Ojalá no sea nada.

27 may. 2014

Panorama ganadero. 1er trimestre 2014

Para prever exitosamente el futuro del negocio ganadero, es menester primero comprender la situación actual o, si esto no es factible, la del pasado más reciente.  Es fundamental la elección de los indicadores a observar, así como ponderar su influencia en el resultado del negocio y la confianza que en ellos puede tenerse.
En este espíritu, es fundamental comenzar por el análisis de los precios del producto en cuestión:
Al terminar el primer trimestre de 2014 los precios promedio de la hacienda gorda en el mercado de Liniers fueron superiores a los de igual periodo del año 2013. Las vacas de conserva se comercializaron a valores 30% mayores, las regulares 40%, las buenas 44%, las vaquillonas 46% y las terneras 53%. Los novillos se pagaron 56% más, los novillitos 48% y los terneros 47%.
La hacienda de invernada cerró el mismo trimestre con ganancias un poco menores, siempre comparando versus el mismo trimestre de 2013.
Los precios promedio de los terneros y terneras  fueron 40% superiores. Similar suba se registró en los valores promedio pagados por vientres preñados y con cría al pie.
Para el periodo considerado, 1er trimestre 2013 versus 1er trimestre 2014, los índices de precios al consumidor más confiables registraron subas alrededor del 35%.
Hasta aquí, podemos señalar que los precios percibidos por los engordadores han recuperado poder real de compra, mientras que los criadores lo hicieron en menor medida. Es claro que este punto en particular influye en el resultado económico de la actividad ganadera por medio de los costos, que tienden a ser constantes a pesar que el dinero pierda valor.
Los volúmenes operados también son útiles para describir la situación de la actividad:
La faena acumulada durante el primer trimestre de 2014 fue 0,3% inferior a la acumulada en el mismo periodo de 2014, registrándose 2.990.113 cabezas.  La producción durante este periodo se redujo 4 %, llegando a 651.000 toneladas de res con hueso, merced a una merma de 3,5% en el peso e faena, que promedió 218 kg por cabeza.
Dada la recuperación del precio de la hacienda gorda , era esperable una simultánea reducción de la producción, qu habrá que vigilar en los próximos meses a fin de determinar si será una situación permanente o transitoria. Por otra parte,  la reducción del peso de faena indica que buena parte de los engordadores consideraron más conveniente para su empresa enviar animales de bajo peso al mercado antes que mantenerlos más tiempo en engorde.
El 95% de dicha producción fue para el mercado interno, ubicando el consumo por habitante por año en 60,5 kilos. Este valor implica una reducción del 3,6% respecto al año precedente, pero permite al consumidor local ubicarse entre los 2 mayores consumidores de carne vacuna del mundo.
El 5% de la producción fue exportado. Estas 36.220 toneladas son 22% menos de las exportadas en el primer trimestre de 2013 y se pagaron en promedio 5.409 dólares la tonelada. Este importe es 8% superior al recibido en el primer trimestre de 2013.
Esta distribución de la producción casi exclusivamente orientada al mercado local me exime de hacer un análisis profundo del mercado internacional, dada la intrascendencia de las exportaciones argentinas; pero cabe señalar que la demanda mundial continúa alta y eso se refleja en los mayores precios por tonelada exportada recibidos.
Nada fuera de la política puede hacerse para revertir dicha situación y, posiblemente, nada dentro de la política se haga antes del 2016. Tampoco es alentador que los potenciales candidatos a la presidencia se manifiesten respecto a la exportación de carne en términos de “saldos exportables”, por lo cual no esperaría cambios substanciales.
Si bien los subproductos representan una porción marginal en el valor de la hacienda, en el mediano plazo pueden ayudar a subir o bajar las utilidades de los frigoríficos y por ende la capacidad de pago.
Los cueros se comercializaron durante el primer trimestre del año a precios 100% superiores a los de igual periodo del año pasado, el sebo bovino a precios 23% inferiores y el expeller a precios 40% menores.
Los sustitutos
También es interesante observar el comportamiento de los principales substitutos de la carne vacuna:
El precio mayorista del pollo durante los tres primeros meses de 2014 fue 53% superior a los de igual periodo de 2013. Este incremento es similar al que registraron los bovinos de consumo liviano, o sea los más caros habitualmente. En este caso la posible sustitución de carne bovina por carne aviar se mantendría en los mismos niveles del año pasado.
La producción de carne aviar acumulada de enero a marzo fue 3,8% inferior a la de igual periodo del año pasado, alcanzando 445.000 toneladas, que permite un consumo por habitante por año de 37 kilogramos. El precio del capón porcino creció 20% en el primer trimestre del presente año. Aplicando al precio corriente un ajuste por inflación, el precio real del capón se ubicaría en valores 15% menores a los del año pasado en este caso.
El consumo de carne porcina durante los 3 primeros meses de 2014 alcanzó los 10,37 kilos por habitante por año, un 11% superior al mismo periodo de 2014.
En este caso podemos suponer que una parte del consumo puede desplazarse a esta carne y actuar como techo a los precios de la carne bovina, aunque su oferta es acotada. También cabe observar si en el futuro estos precios permitirán a los productores de cerdos una rentabilidad acorde.
Análisis de la demanda
Finalmente, es interesante observar como se desplaza la demanda de carnes respecto a la de otros alimentos y bebidas:
La venta de alimentos y bebidas creció 28% entre el primer trimestre de 2013 y el primer trimestre de 2014. La venta de carnes solo aumentó 23%, mientras que las ventas de panadería lo hicieron en un 47%, bebidas un 37%, lácteos un 34% y frutas y verduras en un 25%.
Dado que estos porcentajes están referidos a los montos vendidos y no a las cantidades de producto, es necesario recordar que entre los periodos analizados el dinero perdió el 35% de su valor. Aclarado esto, se observa que el gasto relativo en alimentos y bebidas ha retrocedido y, dentro de este segmento, la carne ha retrocedido más que otros rubros.
Publicado originalmente en mitre y el campo

¿Producir más? ¿En serio?

En cada oportunidad que se trata el tema del peso de faena en la República Argentina, se suele poner el foco en que dicho indicador es mucho más bajo que en otros países productores de carne
La razón entre cantidad de carne producida y animales faenados de Argentina está alrededor de 223 kilogramos de res con hueso, mientras que el de Australia es 261 kilos y Estados Unidos 352 kilos.
Lamentablemente, los cursos de solución para tan bajos valores del indicador, suelen encararse desde el punto de vista técnico y agronómico. Como si los productores locales necesitaran que les expliquen como hacer un novillo pesado.
Por otro lado, no suelen considerarse las causas de tan bajos valores actuales o, lo que es casi lo mismo, las consecuencias que tuvo y tendría aumentar el peso promedio de faena sin modificar el resto del contexto en el cual se desarrolla la actividad ganadera.
La producción de carne puede tener dos destinos: el mercado interno o ser exportada. Los stocks de carne suelen ser mínimos y no afectan el presente análisis.
Actualmente, la exportación de carne representa apenas el 6,5% de la producción total. Los derechos de exportación (más conocidos como retenciones) del 15%, la “tasa burocrática” que implican los permisos de exportación (más conocidos como ROE´s), el envío de carne a precios menores a los del mercado a “carne para todos” para obtener los antes mencionados ROE´s, la exigencia de mantener una cantidad de mercadería en cámara frigorífica para exportar (conocida como encajes) y los pasados cierres a la exportación derivaron en estos embarques mínimos.
En el mercado interno también existen dificultades. El consumo local de carne es altísimo comparado con el resto del mundo, superior incluso al de países con ingresos por habitante muy superiores a los argentinos. El deterioro del poder adquisitivo que genera la inflación en la demanda actúa también en el sentido de no aumentar el consumo. Finalmente, la carne de pollo, que es un bien sustituto de la vacuna, puede exportarse con un arancel menor y de ese modo subsidiar a la producción local , quitando de ese modo parte del mercado a la carne vacuna.
En este escenario, en el cual la demanda no puede crecer, tampoco es esperable que crezca la oferta, o sea la producción. En este contexto aumentar el peso de faena manteniendo la producción implicaría faenar menos animales.
Por ejemplo: Durante el primer trimestre de 2014 se faenaron 424.335 terneros, produciendo 76.381 toneladas de res con hueso, 180 kilos por cabeza de promedio. La misma cantidad de carne se pudo producir con 272.789 novillos de 280 kilos. Esto implica que de llevar todos los terneros faenados en el primer trimestre al peso de novillos produciríamos la misma cantidad de carne faenando 151.546 cabezas menos. Dicho de otro modo: La demanda de terneros por parte de los engordadores sería 35% menor.
En tal situación, no sería raro que en un plazo bastante corto nos encontremos con una reducción del stock total, ya que al necesitar menos terneros también necesitaremos menos vacas, menos toros y menos vaquillonas. Igualmente, no descartaría que además de esta reducción en el stock observemos una reducción en la eficiencia. O sea, que se produzcan menos terneros con la misma cantidad de vacas.
Recordemos que la variación del stock es igual al número de terneros nacidos menos la faena. Del mismo modo, la eficiencia en la producción de cría se calcula como los terneros nacidos dividido la cantidad de madres. Luego, una menor faena genera variaciones negativas en el stock y en la cantidad de crías obtenidas.
No hace falta aclarar que en este contexto también nos encontraríamos con una reducción en el número de productores de cría, sobre todo de los más chicos, en el número de frigoríficos, y de trabajadores en dicha industria, en el número de fábricas de maquinaria agrícola específica para la ganadería, etc.
Todo esto, no es una especulación teórica. Ya pasó hace pocos años. Se subió el peso de faena, se cerraron exportaciones (con herramientas similares a las actuales) y hasta se intervino la formación de precios en el Mercado de Hacienda de Liniers. Los resultados, sequía mediante, fueron una reducción del stock de 12 millones de cabezas y una cantidad de productores que queda por determinar todavía.
Resumiendo: Los problemas de la ganadería local se solucionan exportando más, para poder producir más. Sin exportar, y estamos produciendo todo lo que se puede. Las iniciativas que solo ataquen los índices sin considerar como se interrelacionan los procesos productivos están condenadas a empeorar la situación. Será importante que quienes toman las decisiones políticas en el tema de carnes lo comprendan de una vez… si es que quieren producir más, en serio.
Publicado originalmente en revistachacra.com.ar

28 feb. 2014

Solo el clima puede ayudarnos

Según el departamento de agricultura de los Estados Unidos de América (USDA, por sus siglas en inglés) durante 2013 el mercado argentino consumió 2.620.000 toneladas de carne vacuna, 1.701.000 toneladas de carne de pollo y  419.000 toneladas de carne de cerdo. Sumando estas cantidades y dividiendo luego por la cantidad de habitantes del país (42 millones y monedas) encontramos que, en promedio, cada habitante de la república comió en 2013 111 kilogramos de carne. Mundialmente, un consumo altísimo.
Dado que el USDA considera un solo dato a toda la Unión Europea (a pesar que la integran diversos países), y esto baja su promedio,  solo existe una nación en el mundo que coma más carne por habitante al año que Argentina: Los Estados Unidos de América, con 114 kilos.
Esto, con una salvedad: Se le computan 7 kilos por habitante por año de carne de pavo que en Argentina ni sabemos que gusto tiene. Más abajo en el ranking de consumo aparecen Brasil y Australia con 100 kilos. Claramente, ser exportadores netos de carne no les impide mantener a sus mercados internos muy bien abastecidos.
En los números de carne vacuna, más precisamente, ninguna nación tiene consumos superiores a los nuestros (al menos según los datos del USDA) y el segundo consumidor mundial, Uruguay, se come 10 kilos menos por habitante por año. A pesar de eso, no parece que el pueblo rioplatense hermano sufra una carestía cárnica. De ahí, para abajo, vienen Brasil, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Todos países exportadores y luego Chile: El país no exportador de carne que mayor consumo por habitante tiene: unos 24 kilogramos al año.
En vista a los  párrafos anteriores, y considerando que las exportaciones se encuentran cerradas por vía de los permisos de exportación y limitadas por las retenciones, cupos, cuotas y encajes;  queda claro que el futuro del negocio ganadero no es muy promisorio. El mercado local ya no puede comer más carne.
De hecho, en vista a las últimas noticias sobre las negociaciones salariales, puedo sospechar que será afortunado si logra mantener su consumo del año pasado.  Los sueldos no solo parece que perderán frente a los alimentos, además parece inminente una reducción a los múltiples subsidios que recibe la población urbana, lo cual reducirá la cantidad de dinero disponible por los consumidores para alimentarse. Puede inferirse entonces que cualquier aumento en la producción cárnica  local resultará en menores precios, los cuales son actualmente bajos.
Estableciendo como criterio para definir un precio como alto o bajo a la respuesta del consumidor, es interesante señalar que el consumo de carnes total (Vacuno, aviar y cerdo) aumentó 3 kilogramos entre 2012 y 2013 y  9 kg desde 2011. Considerando únicamente carne vacuna, el aumento de consumo en 2013 es de 3 kilogramos desde 2012 y 6 desde 2011. No hay mucha ciencia: Si la carne fuera cara su consumo disminuiría.
Consideremos también que los costos de producción han venido subiendo en los últimos años, y no parece que la última devaluación del dólar vaya a ayudar en ese sentido, más bien todo lo contrario.
Carne barata y costos en alza, son factores que no parece se vayan a modificar en el corto plazo, y siempre existe la posibilidad de entrar nuevamente en una fase de franca liquidación de los stocks ganaderos (También conocida como “La vaca no me deja un peso, mejor la dejo en la feria”) que podría aumentar más el volumen faenado y deprimir el precio, como señalaba más arriba. Liquidación del stock, a nadie debería extrañar: La ganadería es una actividad productiva con fin de lucro, no una carga pública ni una obligación moral.
Para cerrar el panorama, solo del plano climático pueden aparecer buenas noticias: Si se da, como anuncian, un año lluvioso (fenómeno del Niño mediante) pueden reducirse los costos de producción y los ganaderos tendrán un incentivo para retener las terneras que se convertirán en madres después del 2015. Esto bajaría la oferta de hacienda y tonificaría sostendría los precios… pero ya sabemos que con el clima nunca se puede estar seguro de nada.

Publicado en Visión Nacional y Revista Chacra

¿Donde están los dólares?

Durante el año 2005 Argentina exportó 578 mil toneladas de carne, por un valor total de 1.399 millones de dólares*. Además de eso, en 2005
se creó Youtube y Argentina ganó el mundial juvenil de fútbol en Los Países Bajos (ponele Holanda), de la mano de Lionel Messi. Esto
último, dicho como para ubicarnos en el clima de época.
Durante el año 2013 Argentina exportó 241 mil toneladas de carne, por un valor total de 1.287 millones de dólares. De haber mantenido la
exportación en los niveles de 2005 y considerando los preciosactuales, el monto exportado en 2013 ascendería 3.306 millones dedólares; 1.906 millones de dólares más de los que realmente ingresaron el año pasado*.
Un monto en dólares muy interesante, sobre todo cuando funcionarios
gubernamentales de la más alta jerarquía dedican varias horas al día a tratar de persuadir a los productores sojeros para que vendan unas
hipotéticas toneladas de poroto que, desde el estado estiman, ascenderían a 3.500 millones de dólares.
Entre 2005 y 2013 pasaron un montón de cosas en el mercado ganadero.
Entre las que recuerdo de memoria: Imposición de un peso mínimo de faena, aprietes a consignatarios, cierres de exportaciones, listas de precios máximos en el mercado de hacienda de Liniers, obligación de destinar carne “a la barata” para obtener permisos de embarque… y seguro me olvido de unas cuantas.
En resumen: Una política que destinada a convertir a la actividad ganadera en una abastecedora barata del mercado interno, que solo participara en el mercado internacional con sus saldos.
¿Cual es el gran aporte realizado por esta política al consumo local? Durante el año 2005 el consumo por habitante de carne vacuna fue de 62 kilos, en 2013 fue de 64 kilos. Dos (2) kilos de diferencia. En unidades parrilleras: 4 asados. Para aumentar el consumo 2 kilos por año hemos resignado 1.908 millones de dólares al año y una cantidad de puestos de trabajo que se cuenta en decenas de miles, tanto en la producción como en los frigoríficos. Sumemos a ello, la cantidad de insumos que esa producción hubiera requerido, los fletes, y los impuestos directos e indirectos que el mismo estado no cobró porque
esa producción no existió.
Todo esto, bajo un gobierno que dice estar a favor del agregado de valor en origen. Esto último es muy gracioso, ya que no hay mejor ejemplo de agregado de valor en origen que un novillo en engorde comiendo maíz y convirtiéndolo en carne.
Con estos datos a la vista, creo que queda claro que la estrategia de”vivir con lo nuestro” y solo exportar “lo que sobre” en materia de carnes no ha sido nada exitosa. Lástima que, por ahora, los encargados de revertir esta situación están muy entretenidos inventando inaplicables subas de retenciones y reediciones de las juntas nacionales, para meter miedo a los que tienen en un silobolsa, el fruto de su trabajo, inversión y riesgo.
* Los datos son del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna
Argentina (IPCVA, para los amigos). Las cuentas son mías.

Publicado en: Visión Nacional

18 ene. 2014

Con Entre el Campo y la Ciudad (@entrecampoyla, lunes a viernes, 12 a 13 horas, por Radio Colonia (AM 550). Con Horacio Esteban y Mónica Demichelis).
http://www.goear.com/listen/0a95713/entrevista-matias-sara-horacio-esteban-monica-demichelis

13 ene. 2014

A buscar a San Pedro

El siguiente texto apareció publicado originalmente en Revista Chacra



El negocio ganadero estuvo marcado en 2013 por 3 factores: Costos en ascenso, flojos precios de la hacienda gorda, y malos de la invernada.Los aumentos de costos fueron originados por condiciones climáticas extremas, tales como inundaciones y sequías, que afectaron la mayor parte de las zonas ganaderas. Estos eventos, además de generar menores producciones, aumentaron tanto la cantidad como el precio de los insumos necesarios.
También fue importante en la suba de costos la inflación, entendida como una pérdida del valor del dinero frente a otros bienes y servicios,  estimada en un 25% anual. En particular este año, los impuestos y tasas aumentaron en muchos casos a la par de la inflación o más. De este modo, los establecimientos ganaderos vieron crecer los egresos con ingresos que, en el mejor de los casos, se mantuvieron constantes.
Los precios de la hacienda de invernada informados por el portal EntreSurcosyCorrales.com subieron a fin de año un 20% respecto a los valores del año 2012, luego de negociarse durante todo el año a valores similares a los del año pasado. Subas de esta magnitud no ocurrían desde 2010.
Los precios de la hacienda gorda informados por el Mercado de haciendas de Liniers S. A. también cierran el año subiendo: 30% más, respecto a los precios de fines de 2012. Esto, luego de venderse durante todo el año en valores apenas superiores a los del año precedente.
Estos porcentuales, claro está, son referidos a los precios expresados en moneda corriente. Si a ellos les descontamos la inflación calculada por consultoras privadas e informada por los bloques opositores del Congreso Nacional, nos encontramos con valores para el gordo similares a los que se pagaban en mayo de este año y, para la invernada en diciembre del año pasado. Resultados similares surgen de calcular dichos precios en dólares libres (no oficiales o “blue”).
Resumiendo: las aparentes alzas de precio no han sido más que leves recuperaciones en el poder de compra de la hacienda, que sigue decayendo desde 2011.
Detrás de estos flojos precios, encontramos un mercado que se encuentra excesivamente abastecido de carne. La producción de carne bovina de este año es superior en un 9% a la de 2012. Las exportaciones crecieron también 9%, pero solo representan el 7% de la faena, por lo cual su aporte a descomprimir la situación del mercado es mínimo. Las actuales retenciones a las exportaciones de carne bovina, las exigencias de enviar carne a “las baratas”, la combinación entre atraso cambiario y tipos de cambio múltiples, hacen que la industria local no pueda aprovechar los muy buenos precios internacionales actuales.
Esta situación de exceso de carne barata en el mercado, ha llevado a una disminución en el consumo de carne de pollo en el orden del 1%. No obstante, se estima que el consumo per cápita de carnes total se mantendrá por encima de los 110 kilos anuales, el cual es un valor muy alto.
Cabe destacar que el aumento del 9% en la producción de carne vacuna es producto de un incremento del 11% en los animales faenados o, dicho en otros términos: Bajamos 2 kilos al gancho el promedio de la res bovina faenada. En más detalle, faenamos más animales livianos especiales y menos novillos. Esto se debe al bajo volumen de la demanda exportadora, que es la única que requiere animales grandes para faena.
De cara al 2014, es posible que la producción se mantenga en valores similares a los actuales. Esto, debido a la tendencia a faenar animales cada vez más chicos y a una cantidad de cabezas constante, dado que se calcula que este año se faenarán más cabezas que las nacidas, lo cual determinaría una mínima reducción del stock. Cabe aclarar en este punto, que no es descabellado pensar que pueda entrarse en una fase de liquidación del stock, que derribaría los precios. De hecho, indicadores como el % de hembras faenadas sobre el total, se encuentran al límite desde hace un par de meses.
Los precios mantendrían sus niveles presentes, con la exportación reducida a su mínima expresión, solo cabe enfocar el análisis en el mercado interno: según  valores relevados en Rosario, por el instituto provincial de estadísticas y censos de la provincia de Santa Fe, en promedio, los cortes de carne aumentaron entre octubre de 2012 y octubre de 2013 3.5 veces menos que los productos panificados, 3 veces menos que los productos lácteos y 8 veces menos que las frutas, verduras y hortalizas. En este contexto, el consumidor estaría en condiciones de convalidar subas al ritmo de la inflación general. Cabe aclarar en este punto, que mucho dependerá en este particular del éxito de las negociaciones salariales.
Respecto al marco político, con pocos cambios podría mejorar mucho la situación del sector. Terminar con los ROEs no tiene costo fiscal alguno y terminar con las retenciones tiene un costo ínfimo. Sobre este último tema, me permito abusar de la paciencia del lector con unos cálculos: En 10 meses de 2013, las exportaciones de carnes congeladas, carnes frescas y/o enfriadas y  menudencias frescas o congeladas ascendieron a 1013 millones de dólares. Por  retenciones del 15% ingresaron entonces 152 millones de dólares. En el mismo  periodo, las exportaciones carne y/o menudencias procesadas ascendieron a 86  millones de dólares. Por retenciones del 5% ingresaron 4 millones.
Esto totaliza un ingreso por retenciones a la carne en el orden de los 156 millones de dólares o, al cambio oficial actual unos 983 millones de pesos. Este monto, equivale al 0.1% de los recursos del presupuesto nacional para el próximo año. Una cantidad insignificante, digo.
Si bien quitar las trabas a la exportación de carne no afectaría el financiamiento del estado, las nuevas autoridades del sector no parecen tenerlo en cuenta. En virtud de esto, no cabe esperar grandes cambios para el 2014, salvo la final adjudicación de una parte de la cuota 481 (carne terminada en feed lots con destino a la Unión Europea, sin aranceles) que podría hacer un poco más competitiva a la demanda local con destino a exportación.
Aunque la reducción de la brecha entre el dólar oficial (al cual deben liquidar sus ventas los exportadores) y el dólar libre (al cual tienden a ajustarse los aumentos de costos) es una medida requerida por varios sectores, tampoco parece que el gobierno vaya a unificar el tipo de cambios a la brevedad. Este factor, por si solo, puede determinar la viabilidad o no de buena parte de las ventas al exterior.
En resumen, atendiendo a lo antedicho, el próximo año ganadero puede ser similar al 2013, mejorando en caso que el clima decida ser un poco menos riguroso.