13 ene. 2014

A buscar a San Pedro

El siguiente texto apareció publicado originalmente en Revista Chacra



El negocio ganadero estuvo marcado en 2013 por 3 factores: Costos en ascenso, flojos precios de la hacienda gorda, y malos de la invernada.Los aumentos de costos fueron originados por condiciones climáticas extremas, tales como inundaciones y sequías, que afectaron la mayor parte de las zonas ganaderas. Estos eventos, además de generar menores producciones, aumentaron tanto la cantidad como el precio de los insumos necesarios.
También fue importante en la suba de costos la inflación, entendida como una pérdida del valor del dinero frente a otros bienes y servicios,  estimada en un 25% anual. En particular este año, los impuestos y tasas aumentaron en muchos casos a la par de la inflación o más. De este modo, los establecimientos ganaderos vieron crecer los egresos con ingresos que, en el mejor de los casos, se mantuvieron constantes.
Los precios de la hacienda de invernada informados por el portal EntreSurcosyCorrales.com subieron a fin de año un 20% respecto a los valores del año 2012, luego de negociarse durante todo el año a valores similares a los del año pasado. Subas de esta magnitud no ocurrían desde 2010.
Los precios de la hacienda gorda informados por el Mercado de haciendas de Liniers S. A. también cierran el año subiendo: 30% más, respecto a los precios de fines de 2012. Esto, luego de venderse durante todo el año en valores apenas superiores a los del año precedente.
Estos porcentuales, claro está, son referidos a los precios expresados en moneda corriente. Si a ellos les descontamos la inflación calculada por consultoras privadas e informada por los bloques opositores del Congreso Nacional, nos encontramos con valores para el gordo similares a los que se pagaban en mayo de este año y, para la invernada en diciembre del año pasado. Resultados similares surgen de calcular dichos precios en dólares libres (no oficiales o “blue”).
Resumiendo: las aparentes alzas de precio no han sido más que leves recuperaciones en el poder de compra de la hacienda, que sigue decayendo desde 2011.
Detrás de estos flojos precios, encontramos un mercado que se encuentra excesivamente abastecido de carne. La producción de carne bovina de este año es superior en un 9% a la de 2012. Las exportaciones crecieron también 9%, pero solo representan el 7% de la faena, por lo cual su aporte a descomprimir la situación del mercado es mínimo. Las actuales retenciones a las exportaciones de carne bovina, las exigencias de enviar carne a “las baratas”, la combinación entre atraso cambiario y tipos de cambio múltiples, hacen que la industria local no pueda aprovechar los muy buenos precios internacionales actuales.
Esta situación de exceso de carne barata en el mercado, ha llevado a una disminución en el consumo de carne de pollo en el orden del 1%. No obstante, se estima que el consumo per cápita de carnes total se mantendrá por encima de los 110 kilos anuales, el cual es un valor muy alto.
Cabe destacar que el aumento del 9% en la producción de carne vacuna es producto de un incremento del 11% en los animales faenados o, dicho en otros términos: Bajamos 2 kilos al gancho el promedio de la res bovina faenada. En más detalle, faenamos más animales livianos especiales y menos novillos. Esto se debe al bajo volumen de la demanda exportadora, que es la única que requiere animales grandes para faena.
De cara al 2014, es posible que la producción se mantenga en valores similares a los actuales. Esto, debido a la tendencia a faenar animales cada vez más chicos y a una cantidad de cabezas constante, dado que se calcula que este año se faenarán más cabezas que las nacidas, lo cual determinaría una mínima reducción del stock. Cabe aclarar en este punto, que no es descabellado pensar que pueda entrarse en una fase de liquidación del stock, que derribaría los precios. De hecho, indicadores como el % de hembras faenadas sobre el total, se encuentran al límite desde hace un par de meses.
Los precios mantendrían sus niveles presentes, con la exportación reducida a su mínima expresión, solo cabe enfocar el análisis en el mercado interno: según  valores relevados en Rosario, por el instituto provincial de estadísticas y censos de la provincia de Santa Fe, en promedio, los cortes de carne aumentaron entre octubre de 2012 y octubre de 2013 3.5 veces menos que los productos panificados, 3 veces menos que los productos lácteos y 8 veces menos que las frutas, verduras y hortalizas. En este contexto, el consumidor estaría en condiciones de convalidar subas al ritmo de la inflación general. Cabe aclarar en este punto, que mucho dependerá en este particular del éxito de las negociaciones salariales.
Respecto al marco político, con pocos cambios podría mejorar mucho la situación del sector. Terminar con los ROEs no tiene costo fiscal alguno y terminar con las retenciones tiene un costo ínfimo. Sobre este último tema, me permito abusar de la paciencia del lector con unos cálculos: En 10 meses de 2013, las exportaciones de carnes congeladas, carnes frescas y/o enfriadas y  menudencias frescas o congeladas ascendieron a 1013 millones de dólares. Por  retenciones del 15% ingresaron entonces 152 millones de dólares. En el mismo  periodo, las exportaciones carne y/o menudencias procesadas ascendieron a 86  millones de dólares. Por retenciones del 5% ingresaron 4 millones.
Esto totaliza un ingreso por retenciones a la carne en el orden de los 156 millones de dólares o, al cambio oficial actual unos 983 millones de pesos. Este monto, equivale al 0.1% de los recursos del presupuesto nacional para el próximo año. Una cantidad insignificante, digo.
Si bien quitar las trabas a la exportación de carne no afectaría el financiamiento del estado, las nuevas autoridades del sector no parecen tenerlo en cuenta. En virtud de esto, no cabe esperar grandes cambios para el 2014, salvo la final adjudicación de una parte de la cuota 481 (carne terminada en feed lots con destino a la Unión Europea, sin aranceles) que podría hacer un poco más competitiva a la demanda local con destino a exportación.
Aunque la reducción de la brecha entre el dólar oficial (al cual deben liquidar sus ventas los exportadores) y el dólar libre (al cual tienden a ajustarse los aumentos de costos) es una medida requerida por varios sectores, tampoco parece que el gobierno vaya a unificar el tipo de cambios a la brevedad. Este factor, por si solo, puede determinar la viabilidad o no de buena parte de las ventas al exterior.
En resumen, atendiendo a lo antedicho, el próximo año ganadero puede ser similar al 2013, mejorando en caso que el clima decida ser un poco menos riguroso.

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