27 may. 2014

¿Producir más? ¿En serio?

En cada oportunidad que se trata el tema del peso de faena en la República Argentina, se suele poner el foco en que dicho indicador es mucho más bajo que en otros países productores de carne
La razón entre cantidad de carne producida y animales faenados de Argentina está alrededor de 223 kilogramos de res con hueso, mientras que el de Australia es 261 kilos y Estados Unidos 352 kilos.
Lamentablemente, los cursos de solución para tan bajos valores del indicador, suelen encararse desde el punto de vista técnico y agronómico. Como si los productores locales necesitaran que les expliquen como hacer un novillo pesado.
Por otro lado, no suelen considerarse las causas de tan bajos valores actuales o, lo que es casi lo mismo, las consecuencias que tuvo y tendría aumentar el peso promedio de faena sin modificar el resto del contexto en el cual se desarrolla la actividad ganadera.
La producción de carne puede tener dos destinos: el mercado interno o ser exportada. Los stocks de carne suelen ser mínimos y no afectan el presente análisis.
Actualmente, la exportación de carne representa apenas el 6,5% de la producción total. Los derechos de exportación (más conocidos como retenciones) del 15%, la “tasa burocrática” que implican los permisos de exportación (más conocidos como ROE´s), el envío de carne a precios menores a los del mercado a “carne para todos” para obtener los antes mencionados ROE´s, la exigencia de mantener una cantidad de mercadería en cámara frigorífica para exportar (conocida como encajes) y los pasados cierres a la exportación derivaron en estos embarques mínimos.
En el mercado interno también existen dificultades. El consumo local de carne es altísimo comparado con el resto del mundo, superior incluso al de países con ingresos por habitante muy superiores a los argentinos. El deterioro del poder adquisitivo que genera la inflación en la demanda actúa también en el sentido de no aumentar el consumo. Finalmente, la carne de pollo, que es un bien sustituto de la vacuna, puede exportarse con un arancel menor y de ese modo subsidiar a la producción local , quitando de ese modo parte del mercado a la carne vacuna.
En este escenario, en el cual la demanda no puede crecer, tampoco es esperable que crezca la oferta, o sea la producción. En este contexto aumentar el peso de faena manteniendo la producción implicaría faenar menos animales.
Por ejemplo: Durante el primer trimestre de 2014 se faenaron 424.335 terneros, produciendo 76.381 toneladas de res con hueso, 180 kilos por cabeza de promedio. La misma cantidad de carne se pudo producir con 272.789 novillos de 280 kilos. Esto implica que de llevar todos los terneros faenados en el primer trimestre al peso de novillos produciríamos la misma cantidad de carne faenando 151.546 cabezas menos. Dicho de otro modo: La demanda de terneros por parte de los engordadores sería 35% menor.
En tal situación, no sería raro que en un plazo bastante corto nos encontremos con una reducción del stock total, ya que al necesitar menos terneros también necesitaremos menos vacas, menos toros y menos vaquillonas. Igualmente, no descartaría que además de esta reducción en el stock observemos una reducción en la eficiencia. O sea, que se produzcan menos terneros con la misma cantidad de vacas.
Recordemos que la variación del stock es igual al número de terneros nacidos menos la faena. Del mismo modo, la eficiencia en la producción de cría se calcula como los terneros nacidos dividido la cantidad de madres. Luego, una menor faena genera variaciones negativas en el stock y en la cantidad de crías obtenidas.
No hace falta aclarar que en este contexto también nos encontraríamos con una reducción en el número de productores de cría, sobre todo de los más chicos, en el número de frigoríficos, y de trabajadores en dicha industria, en el número de fábricas de maquinaria agrícola específica para la ganadería, etc.
Todo esto, no es una especulación teórica. Ya pasó hace pocos años. Se subió el peso de faena, se cerraron exportaciones (con herramientas similares a las actuales) y hasta se intervino la formación de precios en el Mercado de Hacienda de Liniers. Los resultados, sequía mediante, fueron una reducción del stock de 12 millones de cabezas y una cantidad de productores que queda por determinar todavía.
Resumiendo: Los problemas de la ganadería local se solucionan exportando más, para poder producir más. Sin exportar, y estamos produciendo todo lo que se puede. Las iniciativas que solo ataquen los índices sin considerar como se interrelacionan los procesos productivos están condenadas a empeorar la situación. Será importante que quienes toman las decisiones políticas en el tema de carnes lo comprendan de una vez… si es que quieren producir más, en serio.
Publicado originalmente en revistachacra.com.ar

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