23 dic. 2015

Para ganar primero hay que invertir

En la entrada anterior hablaba del aumento en el stock bovino y su efecto en la oferta de corto plazo. Hablemos ahora del aumento en la productividad, o maás precisamente en la tasa de destete.
Supongamos que ud tiene 100 vacas. Anualmente, de ese rodeo, obtiene 68 crías: 34 machos y 34 hembras en promedio.
Supongamos además que en otoño, le hace tacto rectal a todos los vientres entorados y vende las vacas que no están preñadas, en este caso 32 vacas. De este modo evita mantener durante la época de menor oferta forrajera animales en su campo que no son productivos.
Cuando comience la próxima temporada de reemplazará las 32 vacas vacías que vendió con 32 vaquillonas que crió a partir de sus propias terneras.
De este modo, ud dispone para la venta de 34 terneros, 2 terneras y 32 vacas, suponiendo de la manera más optimista que no se le muera ni un solo animal.
Supongamos ahora que ud quiere mejorar su negocio aumentando la eficiencia de su rodeo.
Para ello, necesitará varias cosas. Las principales: Dinero, buen clima y expectativas.
Supongamos que luego de implementar un plan de mejora productiva, la tasa de preñez de su rodeo trepa hasta el 80%. Ese año solo tendrá 20 vacas vacías para vender. Lo bueno, es que tendrá 12 terneras y 12 vaquillonas más para mandar a la feria. El balance general, será benéfico para todos: Ud producirá más, el mercado recibirá más terneros, sus proveedores venderán más y el estado recaudará más impuestos. Con un poco de suerte, ud necesitará un empleado más, que será una persona menos expulsada del interior profundo hacia algún conurbano de ciudad sobrepoblada.
El problema será el flujo en el mercado si la mayoría de los productores hacen esto mismo: Las vacas salen al mercado entre mayo y agosto, mientras que las vaquillonas demoran un par de meses y las terneras casi seguro no estarán gordas antes de octubre. Al final, tendremos más carne, aunque el primer otoño sea complicado. Complicado, no para el productor, que venderá las terneras y vaquillonas a un engordador en abril o mayo, complicado para el mercado, que registrará un faltante de vacas en ese otoño.
Hasta aquí, todo lo dicho se puede encuadrar en la cita de Dwight D. Eisenhower “La agricultura se ve fácil cuando el arado es un lápiz y se está a mil millas del campo de maíz”. Vamos a meternos un poco más en el barro, el sudor y, como hablamos de ganadería, quizás tengamos que pisar algo de bosta.
No existe nada parecido a una receta para mejorar el desempeño productivo de un rodeo, pero si existen pilares sobre los cuales se sostiene la producción animal.
El primero es la sanidad. Animales sanos producen siempre más que animales enfermos. Mucho puede hacerse controlando enfermedades parasitarias, reproductivas, virales, carenciales, venéreas etc. para mejorar el desempeño de un rodeo, pero hay que tenerlo muy claro: Todo cuesta dinero. Ni los antiparasitarios, ni las vacunas ni el trabajo de veterinarios y personal ganadero son gratis.
La alimentación es otro tema de importancia primordial. Nada más difícil que preñar una vaca flaca, y más difícil aun es que una vaca flaca destete un ternero y vuelva a preñarse. Mejorar el estado nutricional de un rodeo (que muchas veces suele mantenerse flaco solo por tradición) es una tarea de varios frentes. El aprovechamiento del pasto producido es un factor fundamental, casi tanto como la producción de pasto, la confección y aprovechamiento de reservas. En este caso es más evidente la necesidad de disponer de dinero para implantar nuevas pasturas o verdeos o confeccionar rollos y silajes. Para ganar primero hay que invertir.
Tanto para poder realizar las tareas propias de la sanidad (vacunaciones, curaciones, etc) como la correcta administración de los alimentos (duración de los pastoreos, suministro de reservas, etc) es fundamental contar con instalaciones adecuadas. Desde un correcto apotreramiento, pasando por una manga funcional. Desde bebederos que suministren agua de calidad todos los días hasta alambrados perimetrales que mantengan su hacienda en su campo y la hacienda del vecino en el campo del vecino. Las instalaciones son una limitante implacable para la mejora de la eficiencia en un establecimiento. Claro está: Todo ese fierro, alambre, madera y trabajo humano (Vamos, que los postes no se plantan solos) requiere la inversión de tiempo, esfuerzo y dinero. Sobre todo dinero.
Pero esto no es todo. Mucha de la eficiencia en un rodeo de cría depende de los toros. La calidad funcional de los mismos influye en la cantidad de vacas preñadas y su calidad genética en el valor de su progenie. Eso si: Un toro bueno vale más caro que uno regular y mucho más que uno del montón. Si le dicen que le venden uno bueno, bonito y barato, raje.
Finalmente, y no por ser menos importante, debemos considerar el manejo. El manejo, o sea la forma de organizar los factores productivos de la empresa, desde el personal hasta la fecha de entrada y salida de las vacas de una parcela, determinará también la cantidad de terneros que obtendremos. Un buen manejo requiere arte y ciencia al mismo tiempo, mucha dedicación y ganas. Por si lo estaba sospechando: Si. Un buen manejo cuesta más caro que un manejo “a la que te criaste”. Triste pero real.
Creo que he ilustrado mi punto sobre las razones por las cuales mejorar la eficiencia productiva requiere dinero. Y, como requiere dinero, requiere de una rentabilidad positiva previa. O ¿De donde va a sacar la plata?
Cabe aquí recordar, que las inversiones antes señaladas se harán antes de obtener los resultados esperados, lo cual implica una gimnasia financiera importante que el productor deberá realizar.
Nada es seguro, algo puede malir sal:
El clima influye en el estado de salud de las vacas. El pietín en la inundación, mal de los avenales o toxicidad de los sorgos, o el duraznillo y el romerillo durante una sequía.
El clima determina si una pastura, por bien implantada que esté, prospera o no. Las pasturas y verdeos son especialmente susceptibles tanto a sequías como a inundaciones en especial al principio de su implantación, pero siempre su producción y duración dependerá de las condiciones climáticas.
Eventos climáticos adversos pueden acortar drásticamente la vida útil de nuestras instalaciones. Alambrados arrastrados por inundaciones, molinos inutilizados por una sequía ya se han visto, no me lo estoy inventando.
 El clima puede convertir el manejo de un rodeo en una pesadilla.
El clima puede hacer que la inversión no rinda los frutos esperados, pero ante una contingencia climática el resultado del planeo con inversiones será seguramente superior al planteo antes de las inversiones. En este caso se reformularía nuestra idea inicial de invertir para ganar a invertir para perder menos.
Finalmente, las expectativas son fundamentales. No importa cuanto haya ganado la empresa este año o el año pasado. Antes de decidir una inversión será fundamental como cree que le irá el próximo año. Si cree que en el futuro recibirá una retribución menor por su trabajo, capital y riesgo, posiblemente prefiera no enterrar un mango más. Por ello, siempre es negativo que desde el estado se trate a los productores de “Oligarcas terratenientes”. El capital suele ser bastante temeroso y escapar de los gobiernos que los amenazan con “comerse barata hasta la última vaca” o “expropiar los latifundios para entregarlos a cooperativas auto gestionadas de campesinos nuestramericanos” o “Volver a la Junta Nacional de Carnes para pagarles lo justo por sus vacas”.
En la expectativa no debe dejarse de lado el impacto que tienen las restricciones a la exportación: Con exportaciones cerradas y un mercado interno con un consumo record de carnes (Pollo, bovino y cerdo), un incremento de la oferta como la antes descripta puede generar tranquilamente una baja en el precio. Con las exportaciones abiertas este peligro para el productor es muchísimo menor.
Algo de todo esto que le digo ya viene ocurriendo: este año la faena de vacas bajó un 15%. Solo queda esperar que los precios y el clima sigan guiando el afán de lucro y todos nos beneficiemos del crecimiento.

17 dic. 2015

No teman, viene por otro lado

Supongamos que usted tiene 100 vacas.
Supongamos que esas 100 vacas cada año le destetan 68 crías (34 machos y 34 hembras). No se deprima: Parece poco, pero está arriba del promedio nacional.
Supongamos, además, que usted mismo engorda esos terneros hasta que le rinden, una vez faenados, 175 kilos al gancho. Si la aritmética no me falla, produce 175 x 34 = 5.950 kilos.
Completando el cuadro, supongamos que vuestra merced vende todas las vacas que no quedaron preñadas y las repone con vaquillonas criadas a partir de sus terneras. Como antes le decía: Tiene 100 vacas y le rinden 68 crías, o sea que le quedan 32 vacías, o sea que no quedaron preñadas y no producirán un ternero este año. A estas vacas vacías las vende con un peso al gancho, o sea una vez faenadas, de 240 kilos. O sea que por ese lado produce 240kg x 32 vacas = 7.680 kilos.
Para mantener su stock de madres constante, solo podrá vender 2 terneras gordas al año (34 terneras – 32 vacas vendidas). Suponiendo que estas las vende con un peso al gancho de 170 kilos, obtendrá 340 kilos más.
Redondeando: usted estará mandando al mercado de hacienda unos 13.970 kilos al año.
¿Y está mareado con tanto número? Bueno, ahora se pone peor.
Imaginemos ahora que el amable lector cree que el próximo año le va a ir mejor en el negocio y supongamos, además, que este año logró amarrocar algún pesito. Como es un capitalista ambicioso, decide que para el próximo año en vez de tener 100 vacas, quiere tener 106 vacas. Todo un proyecto de rey del ganado.
Puede no parecer mucho pero, como prescriben los españoles: “La Mirada larga y el paso corto”. Para lograr esto, primero deberá guardarse 6 vacas, de las que no quedaron preñadas, y otro año las hubiese vendido, pero ahora le picó el bichito de la codicia y no las vende nada. Esto que equivale a producir 1.440 kilos menos de carne y guardarse, además, las 2 terneras para reponer el próximo año, o sea producir 340 kilos menos por ese lado. ¿Comprende ahora por qué le decía antes que iba a necesitar, además de ganas, unos pesitos guardados?
Retomando: para crecer, mi estimado lector, deberá dejar de producir 1.780 kilos de carne por un año. Para ganar primero hay que invertir. Invertir, es lo que dicen que necesita la patria en este momento aciago.
Con un plantel de 106 vacas, y manteniendo constante la tasa de destete y el peso de faena, debería estar produciendo 4 crías más (Dos machos y dos hembras, casi seguro). Además, le quedarán 2 vacas vacías más para vender.
Finalmente, producirá 340 kilos de ternera, 480 kilos más de vacas y 350 kilos más de ternero. Un incremento total de 1.170 kilos producidos. Y será más feliz que antes, ya que por eso uno hace las cosas: porque cree que estará mejor si las hace que si no las hace.
Ahora, imaginemos que no es usted quien tiene 100 vacas: es la República Argentina que tiene 23 millones de vacas. Aumentar 6% el stock de madres implicaría, según los cálculos previos, resignar la producción durante el próximo año de 409.400 toneladas de carne. Quizás un aumento del 6% sea una meta demasiado ambiciosa a escala nacional pero, de todos modos, cada 1% que se quiera aumentar el stock de vacas, se resignarán según este modelo simplificado 68.233 toneladas de carne. Para poner en perspectiva esta cantidad: Por cada 1% que quiera aumentarse el stock de vacas, debe dejarse de producir una cantidad de carne largamente superior a un tercio de la que exportó Argentina durante el año 2015.
Curiosamente, hoy día se escuchan muchas voces preocupadas por el precio de la carne y las exportaciones, a pesar que ni los más optimistas esperan que las exportaciones aumenten un 33%.
Muy posiblemente durante el próximo año la retención de hembras juegue un papel mucho más importante que las exportaciones en la merma en el volumen de carne ofertada en el mercado local y en la firmeza de los precios tanto de la hacienda como de la carne.
No teman a las exportaciones, si lo hay el faltante de carne va a venir por este lado.